sábado, agosto 11, 2007
Perdido
Deambular sin rumbo es tan difícil, como tratar de no pensar un instante en nada y sumergirse en su confusa interpretación; porque al andar sin sentido, se converge siempre en algún camino recorrido o un sendero ya explorado, que hace perder el significado total de la frase y nos aumenta aun la desesperación por encontrar lo desconocido.

Así sucedió la historia de mi búsqueda, por encontrar el sinsabor y la nada, para sentir la amargura de las tristezas sinceras, que parlotean de boca en boca entre los peregrinos más sabios y otros orates que pretenden sentir el dolor sobre la piel ajena y se jactan de virtudes compradas, alquiladas -y aún mas- homenajeadas al por mayor.

Las vertientes de la vida casi siempre desembocan en problemas comunes y sencillos; entre preocupaciones de índole menor, discusiones, sentimientos de culpa, de rechazo, de autosuficiencia y una que otra querella amorosa como símbolo de vida sexual para no perder la noción de amar। Así de sencilla es la andanza cotidiana entre los que habitamos este espacio-tiempo y que cavilamos constantemente para tratar de intrigarnos mutuamente y confundirnos efímeramente con el afán de ser únicos y distintos a los demás.

Eran las siete de la mañana de un día frío de ambiente, se respiraba silenciosamente y con calma para evitar los espasmos y las recaídas de enfermedades pasadas, condicionando al cuerpo a mantenerse en una posición encorvada para absorber el poco calor que existía en la habitación। El frío terminó por embestir ferozmente las ansias, los deseos y las ganas de desnudar al capullo que había sido acorazado para sobrevivir la noche anterior. La comodidad de la covacha había sido aceptada y el cuerpo inmóvil se sentía extremadamente opacado. A pesar del momento que acontecía, no quería perder por un instante ese momento de tranquilidad y sopor envidiable para otras personas desesperadas por un instante de “tiempo cero” que daría un respiro a toda su confusión, creada bajo el nuevo mundo que se pretende construir.

Al encontrar el contacto perfecto entre la tranquilidad y la inmovilidad, se suscitaron hechos que perduraron en mi mente hasta los días actuales, que interrumpieron ese edén imaginario e inconcluso y abrieron paso al desconcierto consecutivo de ideas, que hasta ese entonces permanecían inertes y libres de toda interpretación o juicio humano। Un caudal de historias de antaño hacían brotar recuerdos florecientes de derrota, terror, desaires, de distinciones perdidas y de sueños aplacados por la falta de valor y decisión que instantáneamente evaporaron todo el encuentro furtivo previo.

Busqué entre las mil formas de encontrarle solución y exploré los escombros de las ilusiones y los juegos imaginarios que había practicado en momentos pasados, para intentar sofocar la percusión desatada en el instante póstumo al dormitar, y que parloteaba constantemente haciéndose cada vez mas intenso, con el objetivo de derrotar a las pocas fuerzas que permanecían -valientemente- y formar un desfile de lágrimas exclusivo de mis ojos, apta para gente de poca sensibilidad y emotividad.

El ambiente era perfecto, mas aún no encontraba ese punto exacto entre la alegría y la tristeza, donde el llanto se confunde con las carcajadas mas estruendosas que se puedan suscitar; empero, aún no perdía la esperanza de que llegase aquél momento.
Sinceramente, deseé con tantas ganas el aquél instante, para desencadenar todo lo ocurrido y mover mis escombros hacia el panteón mas cercano, para descansar eternamente junto a mis memorias.

Me volví a la cama tras aquél capullo que de él había salido, derrotado y sin ganas de vivir. El día pactado había llegado y mis restos fueron cubiertos con mantas sencillas y sin ningún adorno. Había llegado el final y no había nada qué decir, ni qué maldecir, y tampoco qué rezar. Repentinamente, sentí por encima de mí una cantidad de tierra inmensa, unos gemidos y llantos únicos, mas lo último que hice fue sonreír, dar gracias por la vida y cerrar los ojos lentamente.
Siempre pensaré que pude haber tenido un final mejor, pero las cosas suceden porque no hay manera de cómo evitar lo que sucederá. Hoy me fui yo, mañana quizás tu; mas aún dejamos recuerdos dentro de cada persona que nos rodea, pero existen y siempre existirán las ilusiones de cómo fenecer y cómo volver a la vida en busca de otra oportunidad, para corregir errores y atrapar aciertos. No hay refrán que quepa dentro de tanta confusión…

De todas las maneras sensatas de escribir, escogí la más absurda por ser la más sencilla. Lo que pierdo es claridad, lo que gano es mimetismo e intriga. Mil disculpas a la mentira y a la verdad, las culpables de estas líneas.
 
Posteado por Taek a las 7:47 p. m. | Link |


3 Comentarios:


  • At 9:50 a. m., Blogger Noelia Ody

    Escribes tan bien,pero tan confuso a la vez, q al escribirte puedes confundir mis palabras y transformarlas en otras por lo absurdo que suele ser nuestras mentes. Yo me encontraba perdida hace algun tiempo tambien, deambulando mi mente, sin dejar de pensar y pensar, no digo que ya me encuentro mejor; pero al menos trato de dejar de pensar tanto y tanto porque lo único que consegui fue confundirme más. A veces es bueno pensar pero si lo llevas a otro extremo traes como consecuencia que esas ideas se transformen en contra tuya.

     
  • At 2:12 p. m., Blogger Pluma de Carne

    LEE LA REVISTA "ESTIGMAS" DEL GRUPO LITERARIO "PLUMA DE CARNE"

    http://plumadecarne.blogspot.com/

     
  • At 2:49 p. m., Blogger Gonzalo Del Rosario

    Me recuerda a "La muerte en Venecia"